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Enamorada de Mi Bebé

Por: Ana M. Parrilla Rodríguez, MD, MPH, FABM

Los bebés humanos tienen un cerebro de tamaño grande y tienen que nacer antes de que éste y su sistema nervioso estén completamente desarrollados. El crecimiento de nuestro cerebro después del nacimiento es más rápido que el de cualquier otro mamífero y esta razón de crecimiento continúa por los próximos 12 meses. Algunos antropólogos han expresado que el ser humano realmente tiene 21 meses de gestación, 9 en el útero y 12 afuera de éste. Se postula que no es solamente debido al tamaño del cerebro que los bebés nacen antes de lo que deberían, también se debe a que la placenta, la cual actúa entre otras cosas como el sistema de intercambio de oxígeno entre la madre y el feto, no puede hacer su trabajo adecuadamente después que el bebé alcanza cierto peso. Otra razón que se postula es que en nuestra evolución como hombres, cuando logramos el bipedalismo (andar erectos en nuestras dos piernas), la pelvis de las hembras se achicó mientras que el cerebro humano se cuadriplicó, lo cual llevó a que nuestros bebés sean menos desarrollados y más indefensos que los bebés de otros primates.

Las primeras 12 horas después del parto constituyen un periodo crítico de tiempo para el desarrollo del enlace madre-bebé. El comportamiento de la madre hacia su bebé es diferente al mes y al año de edad cuando ha habido contacto entre ambos en esas primeras horas. Excepto en partos medicados o difíciles, el neonato tiene un periodo en que sus ojos están bien abiertos, puede ver, tiene preferencias visuales, escucha y busca con la mirada, y responde a su medio ambiente. Puesto en el vientre de su madre, gatea hasta el pecho, se detendrá ocasionalmente y mirará a su madre, busca el pezón y se pega a mamar. Si se le lava un pecho a la madre se pegará del pecho opuesto ya que el olor de las secreciones de los tubérculos de Montgomery es parecido al del líquido amniótico y si se lava el pezón o la mano del bebé éste pierde el estímulo para encontrar el pecho. El Dr. Klaus indica que, según sus observaciones, cuando un bebé a término nace y se deja en contacto piel a piel con su madre, en el abdomen de ésta, en su pecho o en sus brazos, rara vez llora durante los primeros 90 minutos de vida. Sin embargo, cuando se coloca en una cunita, bien arropado, llora 20 a 40 segundos durante cada 5 minutos por los siguientes 90 minutos. ¡Esto, según Klaus, demuestra evidentemente que los bebés reconocen la diferencia entre su madre y una cuna!

La Academia Americana de Pediatría recomienda que el primer contacto entre la madre y su bebé ocurra lo más pronto posible después del parto y preferiblemente dentro de la primera hora. Este primer contacto puede durar hasta 120 minutos y algunos bebés pueden inicialmente solo lamer el pecho. Además, la madre se beneficia de ese primer contacto ya que se estimula la liberación de oxitocina, lo que induce las contracciones uterinas, ayuda a expulsar la placenta y previene el sangrado excesivo. La oxitocina se conoce como la hormona del amor y, junto con la prolactina, el estrógeno y la progesterona, se asocia con estimulación de los sentimientos maternales. La oxitocina causa que la madre se sienta más relajada, sedada y calmada. Se ha asociado el uso de epidurales, opiáceos y morfina con una disminución en la liberación de oxitocina. El contacto temprano con la madre ayuda al bebé a adaptarse a su nuevo ambiente, el cual no es estéril, colonizando su piel, su tracto gastrointestinal y su tracto respiratorio con los microorganismos de la madre y la inmunidad que ésta le proporciona a través de su leche.

La lactancia cae más dentro del campo del comportamiento que dentro del campo de la alimentación. Se parece a otras formas de alimentarse en que el comportamiento asociado está regulado por el ambiente social y cultural en que se da. Pero se diferencia en algo esencial: las variaciones en este comportamiento tienen ramificaciones biológicas y psicológicas para todo el proceso de lactancia, y se afecta desde la cantidad de leche disponible al bebé y la situación reproductiva de la madre hasta la interacción madre e hijo y el proceso de crianza. Esta interacción es bidireccional: de mamá a bebé y de bebé a mamá. Algunos de los componentes del apego y su interacción en áreas específicas son: el chupeteo y la succión, la postura, la audición, el llanto, la sonrisa, el mirar y seguir, la vocalización y el agarrar y pegarse al cuerpo.

Se ha encontrado que el contacto extendido entre la madre y el bebé durante los primeros 3 días posparto, más allá del de las alimentaciones regulares, resulta en ventajas en el comportamiento y desarrollo del niño durante los primeros años de vida. Las mamás que tienen contacto extendido con el bebé demostraron una incidencia más alta de amamantamiento y un comportamiento que responde más a las necesidades del bebé. Los niveles maternos de las endorfinas, los opiáceos naturales, están aumentados durante el amamantamiento. Estas endorfinas ayudan a su vez a la liberación de la prolactina, la hormona responsable de la producción de la leche. Se han encontrado niveles altos de beta-endorfinas en la leche al cuarto día después del nacimiento, si el bebé ha nacido por la vía vaginal. La leche humana contiene sustancias parecidas a la benzodiacepinas que alivian la ansiedad, el Valium pertenece a este grupo de drogas. El bebé recibe, a través del pecho materno, un coctel de sustancias que lo hace sentirse bien y seguro, por lo que relaciona el pecho materno con bienestar y disfruta estando en el seno materno. La protección del parto natural y fomentar que la madre y el infante estén juntos todo el tiempo son algunas de las prácticas que fomentan el establecimiento del reflejo de eyección de la leche, el que conduce a una buena producción de leche y a la liberación de estas sustancias.

El proceso de vínculo empieza, según algunos, desde el embarazo, y/o con el primer contacto de los padres con el infante y continúa mientras los padres y el infante interactúen para formar una relación única y duradera. El amamantamiento fomenta el desarrollo de ese vínculo.

Ana M. Parrilla Rodríguez, MD, MPH, FABM

Referencias:

1. Klaus MH, Klaus PH. Your Amazing Newborn. Reading, Massachusetts: Perseus Books;1998.

2. Odent M. The Functions of the Orgasms – The Highways to Transcendence. London: Pinter & Martin; 2009.

3. Odent M. Primal Health – Understanding the critical period between conception and the first birthday. 2nd ed. East Sussex, London: Clairview Books; 2007.

4. Trevathan WR, Smith EO, McKenna JJ. Evolutionary Medicine. New York: Oxford University Press; 1999.

Dra.Parrilla.com – Boletín Informativo. Febrero 2010, http://www.draparrilla.com/boletin/Feb2010.pdf

Creative Commons License

This work by Ana M. Parrilla-Rodríguez is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License

 

 

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